El caballo y el asno
Un hombre tenía un caballo y un asno.
Un día que ambos iban camino a la ciudad, el asno,
sintiéndose cansado, le dijo al caballo:
- Toma una parte de mi carga si te interesa mi
vida.
El caballo haciéndose el sordo no dijo
nada y el asno cayó víctima de la fatiga, y murió allí mismo.
Entonces el dueño echó toda la carga encima del
caballo, incluso la piel del asno. Y el caballo, suspirando dijo:
- ¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido
cargar con un ligero fardo ahora tengo que cargar con todo, y hasta con la piel
del asno encima.
Cada vez que no tiendes tu mano para
ayudar a tu prójimo que honestamente te lo pide, sin que lo notes en ese
momento, en realidad te estás perjudicando a ti mismo.
La liebre y la tortuga
En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa y
vanidosa, que no cesaba de pregonar que ella era la más veloz y se
burlaba de ello ante la lentitud de la tortuga.
- ¡Eh, tortuga, no corras tanto que nunca vas a llegar a tu
meta! Decía la liebre riéndose de la tortuga.
Un día, a la tortuga se le ocurrió hacerle una inusual apuesta a
la liebre:
- Estoy segura de poder ganarte una carrera.
- ¿A mí? Preguntó asombrada la liebre.
- Sí, sí, a ti, dijo la tortuga. Pongamos nuestras apuestas y
veamos quién gana la carrera.
La liebre, muy ingreída, aceptó la apuesta. Y sin más preámbulos
comenzó la carrera en medio de la incredulidad de los asistentes.
Astuta y muy confiada en si misma, la liebre dejó coger ventaja
a la tortuga y se quedó haciendo burla de ella. Luego, empezó a correr
velozmente y sobrepasó a la tortuga que caminaba despacio, pero sin parar. Sólo
se detuvo a mitad del camino ante un prado verde y frondoso, donde se dispuso a
descansar antes de concluir la carrera. Allí se quedó dormida, mientras
la tortuga siguió caminando, paso tras paso, lentamente, pero sin
detenerse.
Cuando la liebre se despertó, vio con pavor que la tortuga se
encontraba a una corta distancia de la meta. En un sobresalto, salió corriendo
con todas sus fuerzas, pero ya era muy tarde: ¡la tortuga había alcanzado la
meta y ganado la carrera!


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